El Presidente graficó muy bien el microclima que vive todo el Gabinete Nacional.

En su mensaje a la Asamblea Legislativa, Macri insistió en hacernos creer que lo peor ya pasó, mientras todos vemos como la inflación se acelera y se violan las metas que fija el mismo Gobierno. Las tarifas no paran de aumentar y los únicos beneficiados son los empresarios cercanos a Cambiemos. Los jubilados ya padecen el efecto de la reforma previsional en sus pensiones.

Todo esto no forma parte del país del presidente; tampoco la producción industrial. En los 43 minutos de su discurso, Macri no mencionó la mayor fuente de trabajo de nuestra provincia: la industria. El sector industrial quedó sepultado por referencias a construir una “cultura del servicio” y la “revolución del turismo”.

Ni siquiera Malvinas tienen lugar en el país de Macri. Sentando un gravísimo precedente, el presidente omitió nuestro histórico e irrenunciable reclamo soberano sobre las Islas Malvinas en el discurso ante la Asamblea Legislativa. La desmalvinización en su máxima expresión.

No creemos en un país sin desarrollo ni soberanía. Tampoco en la supuesta firmeza de las ‘bases de este modelo’.

El 2018 nos encuentra con déficit gemelos, fiscal y comercial. Uno es de 6.1% del PBI y el otro de USD 8.000 Millones. Estos desequilibrios no son pequeños sino alarmantes.

La única inversión que aumentó es la financiera –ganancias extraordinarias y fuga-. La productiva -la que genera trabajo y se proyecta en el tiempo- cayó. Estas no son bases sólidas.

En el país para el que nosotros trabajamos, la Industria, nuestras Islas Malvinas y el bienestar de nuestra gente no pueden ser omitidas. Seguimos firmes caminando hacia ese futuro.

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